Todos los días debemos tomar diferentes decisiones. Diariamente tenemos que decidir hacer o no hacer muchas cosas. Algunas de ellas pertenecen a nuestro cotidiano y no tienen mayor trascendencia, y otras por el contrario son transcendentales para el rumbo de nuestra vida. En Éxodo encontramos a Moisés cuando Dios le encargó la importante misión de sacar al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto. Moisés tuvo que escuchar las instrucciones de Dios y llevarlas a cabo al pie de la letra. Dios le dijo que había visto el clamor de su pueblo y había descendido para librarlos de la mano de faraón, y sacarlos de aquella tierra a una buena tierra donde fluía leche y miel. Dios le dijo que le hablara a Faraón y le dijera que Él lo había enviado para que dejara ir a su pueblo. En el versículo 6 del capítulo 7 dice que así como Dios les dijo Moisés y Aarón obedecieron. En el momento que los egipcios estaban siguiendo a los hijos de Israel para matarlos, ellos sintieron desfallecer y empezaron con quejas y mala actitud, Moisés clamó a Dios y le dijo que levantara su vara sobre el mar, y Dios hizo que el mar se dividiera y el pueblo paso en seco. Dios les dio maná para que tuvieran alimento y el agua brotó de la roca para calmar su sed.

Más adelante, en el capítulo 3 del libro de Josué, encontramos al pueblo de Dios a punto de cruzar el Jordán y entrar a la tierra prometida. Dios le dio a Josué instrucciones específicas para cruzar, el arca del pacto pasaría delante del pueblo, y debían tomar doce sacerdotes, uno de cada tribu para llevarla y cuando las plantas de sus pies se asentaran en el agua del Jordán, sus aguas serían divididas y el pueblo pasaría en seco. Cuando todo el pueblo cruzó el Jordán, Dios volvió a hablar a Josué y le dijo que tomara doce hombres con doce piedras y las levantaran en medio del Jordán las cuales serían un monumento conmemorativo de lo que Dios había hecho con ellos.

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Entrar a la tierra prometida no significaba que todo estaría listo para ellos. El pueblo de Israel tuvo que escuchar las instrucciones de Dios para saber qué hacer para poseer cada ciudad del valle del Jordán. Por ejemplo, para poseer Jericó, Dios le dijo a Josué que le había entregado esta ciudad (incluyendo su rey y todos los varones de guerra) en su mano y que debían rodear la ciudad 6 días una vez por día en silencio y al séptimo día dar siete vueltas y los sacerdotes tocarían las bocinas y todo el pueblo gritaría a gran voz y los muros de esta ciudad caerían. Josué y todo el pueblo hicieron conforme Dios les dijo y sucedió el milagro, los muros de la ciudad se derrumbaron milagrosamente. La ciudad fue tomada debido a la obediencia de Israel a la Palabra de Dios y a la fe de su poder milagroso.

Todo lo dicho anteriormente nos confirma la importancia de escuchar la instrucción de Dios para tomar nuestras decisiones. Dios quiere entregar en nuestra mano muchas bendiciones, y darnos muchas victorias como lo hizo con su pueblo, pero debemos aprender a escuchar su voz y su dirección, y hacer conforme Él nos ha indicado. Dios quiere dirigir nuestra vida, ser el timón de nuestro barco para que no perezcamos pero debemos rendir nuestra voluntad a El. Eso no significa que todo será fácil, habrán batallas que pelear y muros que derribar, pero tenemos la promesa de que Dios mismo peleará por nosotros e irá delante de nosotros mostrándonos el camino por donde debemos andar.

Tenemos muchas decisiones por delante, pero mi deseo es que en cada una de ellas, tú puedas pedir la dirección y la instrucción de Dios específica para tu vida. Esto te hará vivir en victoria y que en cada desafío que se te presente puedas ver la gloria de Dios y el poder del Espíritu Santo fluyendo en tu vida.

Categories: Reflexión

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