Y viniendo Jesús á las partes de Cesarea de Filipo, preguntó á sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre? Y ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías; y otros; Jeremías, ó alguno de los profetas.
El les dice: Y vosotros, ¿quién decís que soy?
Y respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
Entonces, respondiendo Jesús, le dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás; porque no te lo reveló carne ni sangre, mas mi Padre que está en los cielos. Mas yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Y á ti daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que ligares en la tierra será ligado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.
Entonces mandó á sus discípulos que á nadie dijesen que él era Jesús el Cristo.

Jesús tiene una conversación con sus discípulos, la cual comienza con una pregunta ¿qué  dicen las gentes que es el  CRISTO? Hay muchas respuestas, y una de ellas es que CRISTO era Juan el Bautista pues Herodes lo había dijo (Mateo 14:2), otros decían que Cristo era Elías (Lucas 1:17), y otros decían que podría ser Jeremías por que su mensaje era de restauración y servicio social.

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La segunda pregunta que les hace es ¿quién dicen ustedes que soy yo? (Mateo 16:15). Lo primero que necesitamos saber es quien es CRISTO en nuestra propia vida. La relación con Cristo es personal e individual y no debe estar condicionada por lo que hacen o viven los demás. El primero que responde es Pedro diciendo: Tu eres el Cristo, el hijo del Dios viviente (Mateo 16:16-17), pues su hermano Andrés le había declarado esta verdad (Juan 1:41), le dijo que Jesús era el Mesías, también la mujer samaritana tuvo un encuentro con Cristo y ella entendió quien era el Mesías (Juan 4:25). Pedro tenía esa verdad en su corazón pues su hermano la había compartido con él, aquí podemos ver cómo podemos bendecir a otras personas al presentarles a Cristo como el Señor y Salvador de nuestras vidas.

Para los judíos presentar a Cristo como el Mesías era muy significativo pues ellos esperaban al rey venidero que les salvaría, toda la vida habían escuchado que vendría ese Mesías prometido y anunciado por los profetas. Pedro estaba diciendo que Cristo es el ungido que habían estado esperando (Deuteronomio 18:15, 18:18), y esta noticia era realmente importante pues por mucho tiempo el pueblo de Israel no tuvo palabra de Dios, y no estaba la voz de los profetas . No podemos vivir sin escuchar la voz de Dios.  Cristo quiere hacerse real en nuestras vidas  pues El es el único que trae transformación a nuestra vida. “A quien iremos Señor, si solo tu tienes palabras de vida eterna”. Hebreos 4:16 dice “acerquémonos confiadamente ante el trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”.

El mundo no puede determinar nuestro concepto de Cristo. Sería bueno reflexionar qué hay en nosotros de Cristo, pues eso determinará si dentro de nosotros esta corriendo la Palabra de Dios y si Cristo es nuestro Señor, el que gobierna nuestra vida, y si El es nuestro Rey.

Pedro también dijo: tu eres el hijo del Dios viviente. Pedro sabía esas palabras porque cuando Jesús fue bautizado, Dios declaró: tu eres mi hijo en quien tengo complacencia. Conocemos a Cristo por la lectura y conocimiento de las Escrituras y por la relación diaria que tienes con El.

El Señor cambió a Simón de ser una persona voluble a ser Pedro que significa Roca, es decir firmeza para dejar un legado de amor a Cristo y servicio a Él con firmeza en la Palabra.

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