Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Mateo 16:18

La Iglesia de Cristo no es el templo donde nos reunimos, sino que somos cada uno de nosotros. Tu y yo somos la iglesia y CRISTO es el Rey y dueño de ella. Ya vimos que la Iglesia es el pueblo de Dios, es morada del Espíritu Santo, y es el cuerpo de Cristo. Hoy estudiaremos la iglesia como esposa de Cristo, y la iglesia como una confraternidad espiritual.

En 2 Corintios 11:2 dice: “El celo que siento por ustedes proviene de Dios, pues los tengo prometidos a un solo esposo, que es Cristo, para presentárselos como una virgen pura” El Espíritu Santo está trabajando dentro de nosotros para presentarnos ante Cristo como su esposa. Estamos seleccionados solamente para Cristo. Jesús nos escogió y cada uno de nosotros hemos decido seguirle para siempre. No podemos tener otros dioses, y nadie puede estar por encima de Él. Su amor siempre está con cada uno se nosotros y nos prepara para aquella gran boda, las bodas del Cordero.

En Efesios 5:22-27 dice que Cristo es la cabeza de la iglesia. Cristo amó a la iglesia y se entregó a si mismo por ella para presentársela a sí mismo como una iglesia santa, sin mancha y sin arruga. Cristo está preparando a su novia para la gran boda. Esa preparación es aquí en la tierra, en medio de nuestras circunstancias y nuestro diario vivir Cristo nos está limpiando y purificando.

Apocalipsis 19:7-9 La iglesia fue escogida y preparada como esposa y llegó el momento de la gran boda. Nosotros ya estaremos listos para ese momento y se nos ha concedido vestirse de lino fino, limpio y resplandeciente a través de las obras de justicia que hacemos con nuestro prójimo. Si usted es la esposa de Cristo hágalo evidente a través de las obras justas. Muéstrame tus obras y te mostraré mi fe. Es decir que a través de nuestras obras mostramos que somos las esposa de Cristo.

La iglesia es la confraternidad espiritual: 2 Corintios 13:14. Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes. La Trinidad de Dios es la que nos hace un solo cuerpo, gente unida por el mismo Dios, Jesucristo y el Espíritu Santo. Todos somos iguales, no hay diferencias, todos somos hijos del Señor. Llegó el tiempo de aceptarnos siendo diferentes, el tiempo de perdonar y pedir perdón. Tu y yo somos iguales delante del Señor. Somos un cuerpo de confraternidad espiritual.

Si tu eres la esposa de Cristo tu llamado es hacer obras de justicia. Debemos perdonar y pedir perdón, reconocer nuestros pecados y ser humildes para perdonar cuando nos hacen daño, y restituir lo que hemos hecho mal con obras correctas.

Este mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros. De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros. Juan 13:34-35

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